El director ejecutivo de Ford, Jim Farley, está presionando a la administración Trump para que adopte un enfoque estratégico para los fabricantes de automóviles chinos entrantes: requisitos estrictos para las empresas conjuntas que reflejen las reglas que enfrentan las empresas occidentales en China. Esta medida se produce cuando el presidente Trump ha dado señales de apertura a la inversión china en condiciones de producción y contratación con sede en Estados Unidos.
La propuesta: control estadounidense en empresas conjuntas
El plan de Farley, discutido con el Representante Comercial de EE.UU., Jamieson Greer, el Secretario de Transporte, Sean Duffy, y el jefe de la EPA, Lee Zeldin, implica exigir empresas conjuntas en las que las empresas estadounidenses tengan participaciones de control en cualquier operación automotriz china dentro de EE.UU. Esta estructura requeriría compartir ganancias y tecnología, al tiempo que garantizaría que la toma de decisiones finales permanezca en manos estadounidenses.
La propuesta se hace eco directamente de las medidas proteccionistas que los fabricantes de automóviles occidentales han soportado durante mucho tiempo en China, donde históricamente las empresas extranjeras tuvieron que asociarse con empresas locales en términos similares. El director de comunicaciones de Ford, Mark Truby, confirmó estas conversaciones y destacó la necesidad de “proteger nuestro mercado interno de una avalancha de vehículos subvencionados”. Truby destacó además las preocupaciones sobre privacidad y seguridad nacional asociadas con los vehículos chinos.
Opiniones contradictorias en Detroit y Washington
Si bien Trump ha sugerido que los fabricantes de automóviles chinos son bienvenidos si invierten en fábricas estadounidenses, la propuesta de Farley supuestamente encontró resistencia en Washington debido a una posible reacción política. Algunos funcionarios todavía consideran posible un acuerdo con China después de la próxima reunión entre Trump y Xi.
La propia industria automotriz está dividida: GM se ha opuesto explícitamente a la entrada de China, por temor a la erosión de su participación de mercado y la interrupción de la cadena de suministro. Mientras tanto, Farley ha advertido repetidamente sobre una “amenaza existencial” de los vehículos eléctricos chinos, incluso admitiendo estar impresionado por su calidad de construcción y tecnología después de pruebas prácticas.
La doble estrategia de Ford: competencia y colaboración
Para prepararse para este cambio competitivo, Ford está asegurando activamente asociaciones con proveedores chinos. La compañía ya está utilizando tecnología con licencia CATL para su planta de baterías y, según se informa, está en conversaciones con BYD para el suministro de baterías, lo que indica su voluntad de interactuar con la tecnología china incluso mientras presiona para lograr controles de mercado más estrictos.
El meollo del asunto es claro: la industria automotriz estadounidense se está preparando para una disrupción importante. La pregunta es si Washington dará prioridad a la protección de los empleos internos y la participación de mercado sobre los posibles beneficios económicos de la inversión china.
El enfoque de Ford sugiere un reconocimiento pragmático de que los fabricantes de automóviles chinos son una fuerza a tener en cuenta y que la supervivencia requiere adaptarse al nuevo panorama, incluso si eso significa seguir las propias reglas de China en suelo estadounidense.
